Trasplante renal

Durante el año 2004, en nuestro país se realizaron 2.125 trasplantes de riñón, más de la mitad del total de los trasplantes llevados a cabo. Estas cifras evidencian la importancia del trasplante renal en España, una cirugía que acaba de cumplir medio siglo desde que en EE.UU se realizara con éxito el primer trasplante de un órgano (precisamente un riñón) a un ser humano.

Este medio siglo ha servido para convertir al trasplante en una cirugía habitual en los quirófanos, “cada vez son más las personas que viven sin diálisis gracias a un trasplante renal, si bien son pacientes que tienen patologías asociadas y que conforme se hacen mayores tienen complicaciones cardiacas, articulares, etc.

Todo ello ha llevado implícito que, de forma creciente, nefrólogos no directamente implicados en el trasplante renal, personal sanitario de todas las especialidades así como de médicos de familia, tengan que atender con frecuencia a este tipo de pacientes trasplantados.

Trasplante y rechazo

El rechazo del riñón trasplantado ocurre porque el sistema inmunitario humano está programado de forma natural para reconocer el nuevo riñón como “extraño”. El sistema inmunitario explora cuidadosamente las células presentes en el organismo con el fin de distinguir entre células “propias” y “extrañas”. Cuando identifica a estas últimas, pone en marcha sus mecanismos para destruirlas. Por tanto, el mismo proceso, que es vital para protegernos de organismos foráneos, representa la mayor amenaza para el éxito de un trasplante.

El rechazo de un trasplante puede ser de dos tipos: agudo y crónico. El primero puede ocurrir en cualquier momento, si bien, el mayor riesgo se da durante los primeros tres meses después de realizado el trasplante. Gracias a la investigación en el área se han conseguido resultados muy buenos, difíciles de mejorar en el control del rechazo agudo durante el primer año post trasplante, con cifras de supervivencia del paciente del 97-98% y del 92-93% para la supervivencia del injerto.

Es en el medio-largo plazo (5-6 años) donde se deben de conseguir mejores resultados. En este período se pierden injertos (riñones trasplantados) por rechazo crónico y los pacientes fallecen por causas cardiovasculares, o por cáncer. Y lo hacen, en parte, porque el tratamiento inmunosupresor que se les administra tiene un efecto yatrogénico en este sentido y puede potenciar el desarrollo de tumores y ayuda a la aparición de HTA, diabetes, etc. Los fármacos que se han ido introduciendo en los últimos años han mejorado el perfil cardiovascular y el perfil oncológico y neoplásico, lo que va a permitir que en un futuro próximo obtengamos una importante mejoría de los resultados